
Inicialmente, la preocupación ambiental se confundía con la lucha por la defensa de nuestras florestas. Durante los cuatro primeros siglos de ocupación humana del Centro-Sur y del Nordeste, el desarrollo del país y de estas regiones se hacía a costa de la tala de las florestas. El cerrado (tipo de vegetación de árboles de escasa estatura, retorcidos, de corteza gruesa y que lleva por debajo una alfombra de gramíneas) y las fincas rústicas, así como la caatinga (tipo de vegetación característica del Nordeste formada por pequeños árboles, generalmente espinosos, que pierden las hojas durante la larga estación seca), se consideraban áreas marginales y recibían atención también marginal. El desarrollo agrícola exigía la destrucción de los bosques. Así, hasta los años cincuenta, el café representaba aproximadamente el 90% de nuestras exportaciones. Las plantas del café son voraces, agotan el suelo y exigen tierras muy fértiles. La explotación cafetera se inició junto a Río de Janeiro, la Capital Real instituida por Don João VI. Después, el cultivo del café emigró a través del Valle del Paraíba do Sul. En seguida penetró en São Paulo, para ocupar Campinas, y se extendió por el oeste del Estado y seguidamente por el noroeste de Paraná. Ocupó también el sur de Minas Gerais y parte del Estado de Espírito Santo. En el Nordeste la producción agrícola principal era, y aún es, la plantación de caña para la fabricación de azúcar y alcohol, también muy importante en el Sudeste. Brasil era, hasta mediados del siglo XX, una nación básicamente agrícola.
Durante y tras la Primera Guerra Mundial, la industria comenzó a desarrollarse, principalmente a través de las actividades de industriales italianos e italo-brasileños, como los Matarazzo, los Crespi y los Bardella, además de empresarios descendientes de libaneses, sirios, portugueses, alemanes y otros.
Roberto Simonsen fue el artífice de la política brasileña de reserva de mercado para los productos industriales. Fue la época del "similar nacional". Si existía un "similar nacional", no se importaban los productos industriales de otras naciones. Don João VI abrió los puertos brasileños al mundo. Roberto Simonsen y su escuela los cerraron, prohibiendo o restringiendo la importación de productos industriales. Se trataba de la ideología del Brasil Grande, considerado aquí como si fuese un país sitiado por las otras naciones del planeta. Esa reserva de mercado sería necesaria, por aquel entonces, pero era una política insostenible a largo plazo. Mucho más tarde, a partir de 1980, los puertos brasileños comenzaron otra vez a abrirse al mundo, durante el gobierno de Collor (1990-1992) y principalmente durante los gobiernos siguientes.
Hoy vivimos un clima de Mercosur, de economía global, de mayor respeto al mercado. Ahora, el café representa cerca del 10% de nuestras exportaciones. Diversificamos nuestra producción, que en muchos sectores es competitiva en el mundo globalizado.
Estas características, aquí muy resumidas, de nuestra evolución económica, tuvieron no sólo profundas consecuencias en el ritmo de desarrollo del país, sino que también produjeron grandes impactos ambientales.