
Brasil es uno de los países que garantizan la más segura y diversificada oferta de energía y ahora abre un nuevo horizonte con la exploración de petróleo submarino localizado debajo de la camada de sal en el fondo del mar.
La seguridad energética es uno de los principales requisitos para la garantía de un desarrollo económico sustentable. Brasil viene apostando a la diversificación de su matríz energética, reconocida como la más limpia y renovable del mundo. Actualmente, casi la mitad de la matríz energética brasileña, 44%, proviene de fuentes renovables. Ese porcentaje es mucho mayor que el promedio mundial, de 14%.
Al mismo tiempo que avanza en la explotación marítima de petróleo y gas en aguas profundas, el país amplía sus inversiones en la construcción de usinas hidroeléctricas y en la producción de biocombustibles, destacándose la producción de caña de azúcar para la generación de energía eléctrica.
Además de eso, la energía brasileña es limpia. En los últimos 30 años, el país evitó la emisión de cerca de 800 millones de CO2 en la atmósfera debido al uso del etanol como sustituto de la nafta o asociado a ella. En términos de electricidad, cerca del 90% de la energía generada tiene origen no fósil, sobre todo la energía hídrica. Las oportunidades son muchas. Aunque las usinas hidroeléctricas respondan por 73% de la generación de energía en el país, sólo el 27% del potencial hidroeléctrico se encuentra explotado.
Las inversiones en energía son garantizadas por un marco legal claro, concesiones de largo plazo, estabilidad económica y cuidados con el medio ambiente. Tales factores, combinados con un gran potencial energético aún no explotado, hacen de Brasil una opción atractiva para los inversores.
Brasil es referencia mundial en la construcción de hidroeléctricas y en el uso de fuentes renovables para la generación de electricidad. En 2008, 73% de la oferta de energía eléctrica se originó en fuentes hídricas. Para sostener el crecimiento de la economía brasileña, cada año la oferta es ampliada en 4 mil megawatts (MW). Está previsto que hasta 2030 serán necesarios cerca de 120 mil MW para atender al mercado, de acuerdo con el Plan Nacional de Energía (PNE – 2030).
De 2008 a 2017, el Plan Decenal de Expansión de Energía, prevé un aumento de la demanda de energía eléctrica a una tasa anual de 5,4 % en la década y la incorporación de cerca de 54 mil MW de capacidad instalada en el país. De este modo, en 2017, el parque de generación de energía eléctrica tendrá aproximadamente 155 mil MW de potencia instalada, de los cuales 80% vendrán de fuentes renovables.
El Brasil está en la vanguardia tecnológica de la producción y exploración de reservas de petróleo y gas natural en aguas profundas. El año de 2008 fue marcado por el descubrimiento de grandes reservas en las cuencas sedimentares, a cerca de 6 mil metros bajo la superficie marítima. Conocida como pre-sal, el área abre oportunidades de inversión para compañías de petróleo interesadas en uno de los mayores depósitos de crudo liviano y gas del mundo, en las cuencas de Santos y Espírito Santo.
Petrobrás estima que el volumen de las reservas submarinas, bajo la camada de sal, sea de, por lo menos, 50 mil millones de barriles, número cuatro veces mayor que el actual. Ese volumen ubica a las reservas brasileñas entre las diez mayores del mundo. El plan estratégico de Petrobrás prevé inversiones de R$ 319,1 mil millones entre 2009 – 2013, siendo R$ 191,4 mil millones para exploración y producción.
En el área de producción, la meta de Petrobrás es elevar la producción diaria total de crudo y gas, en Brasil y en el exterior, de 2,4 millones de barriles por día para 3,6 millones de barriles diarios hasta 2013. La idea es llegar a 2020 con una producción diaria de 5,7 millones de barriles. De acuerdo con el plan, el foco de las inversiones estará puesto en el área de exploración y producción, con un aumento del 71% sobre el valor invertido anteriormente en el sector, con especial atención para los proyectos en el área del pre-sal.
Siendo el más grande exportador de etanol del mundo, Brasil produce combustible a partir de la caña de azúcar, un biocombustible ecológico, sin afectar la producción de alimentos y ocupando una pequeña parcela de las áreas cultivables.
El etanol no perjudica la producción de alimentos ni compromete las reservas ambientales. Gran parte de la caña de azúcar es cultivada en la región sureste brasileña, que dista 2,5 mil kilómetros de la Amazonia, distancia que corresponde con un viaje desde Roma a Moscú. En total, 90% de la producción de caña para etanol está en la región Sureste, en el Centro y en el Sur del país.
El balance energético y ambiental del biocombustible producido con caña de azúcar lo proyecta como la fuente más eficiente y sustentable para la producción en gran escala de etanol en el mundo. Un informe del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos revela que existían 340 millones de hectáreas de tierras cultivables en Brasil en 2007, con 200 millones de pasturas y 64 millones dedicados al cultivo, de los cuales sólo 3,6 millones de hectáreas (1% del total) eran usadas para producir etanol – eso sin invadir otros cultivos.
La producción brasileña de etanol en la cosecha 2008 llegó a 27 millones de litros, con un aumento del 17,9% sobre el año anterior, y el Ministerio de Agricultura brasileño calcula que podrá alcanzar los 37 millones de litros en 2015, sin aumento significativo del área plantada con caña de azúcar.
El crecimiento de la producción de etanol en Brasil es explicado por un elevado grado de desarrollo tecnológico y productivo, lo que lo convierte en el segundo productor mundial. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) señala al etanol brasileño como el de menos costo en comparación al de otros países, y a Brasil como el único país capaz de producir ese combustible de forma competitiva y sin subsidios.
Además del potencial de exportación, hay una gran demanda por biocombustibles en el mercado interno. Brasil es pionero en el desarrollo de la tecnología flex fuel, lanzada en 2003, que permite el abastecimiento de autos con nafta y alcohol, en cualquier proporción. La excelencia brasileña en la producción de etanol dio seguridad a grandes empresas para desarrollar tecnologías que utilizan ese biocombustible. Actualmente diez montadoras multinacionales producen casi cien modelos diferentes de automóviles flex en Brasil, lo que lo convierte en el país con la mayor flota de autos flex del mundo. Según la Asociación Nacional de los Fabricantes de Vehículos Automotores (Anfavea), fueron vendidos 2,3 millones de automóviles y vehículos leves equipados con motor flex fuel en 2008, que funciona con etanol o nafta, lo que corresponde a casi un 70% de las unidades comercializadas en el año.
El etanol es un biocombustible amigable para el medio ambiente, pues, además de tener origen en una fuente renovable, reduce en un 80% la emisión de gases de efecto invernadero, que provocan el aumento de la temperatura en la atmósfera terrestre, en relación a vehículos automotores movidos a nafta. Los beneficios están presentes ya en el origen del ciclo, pues el etanol de caña de azúcar genera 8,3 veces más energía renovable que la energía fósil empleada en su producción; en cambio, el etanol retirado del maíz genera sólo 1,4 veces más. La productividad del etanol por hectárea es de 6,8 mil litros en el caso de la caña de azúcar, 5,4 mil litros en el caso de la remolacha, y 3,1 mil litros si se trata de maíz.
Brasil es también el tercer mayor productor consumidor de biodiesel en el mundo. El Programa Nacional de Producción y Uso de Biodiesel (PNPB), de 2004, prevé el incremento obligatorio y gradual de combustible alternativo en el gasoil. El dinamismo de ese mercado en Brasil permitió que la mezcla inicial de 2%, en vigor desde enero de 2008, fuera ampliada en julio al 3%, lo que exigió la producción de 1,1 mil millones de litros. La ley prevé un porcentaje de 5% en 2013, lo que estimulará nuevas inversiones en la producción y en el aumento de la productividad.